Inunda, Señor, nuestro espíritu y muévete dentro de nuestros corazones. Muévenos en Ti Santo Espíritu, cambia nuestros corazones y nuestras vidas. Llénalas de tu amor para que seamos piedras vivas de tu Iglesia, para que seamos la Presencia de Jesús para todos los que nos rodean, para que nos haga conscientes de que Jesús vive en nosotros.
Contaba el padre Diego Jaramillo en una de sus enseñanzas...
...que había escuchado en Roma, explicado bellísimamente por un sacerdote francés, aquel episodio que narra que Moisés quería ver a Dios.
Moisés le dijo a Dios: "Te ruego que yo pueda ver tu gloria".
Y Dios respondió a Moisés: "¿Quieres ver mi gloria? Yo te voy a hacer ver mi amor, te voy a hacer ver mi bondad y te voy a revelar mi Nombre. Mi rostro no puedes verlo, porque un hombre no puede contemplar mi rostro sin morir, pero te voy a revelar mi amor, Yo te voy a revelar mi Nombre".
Moisés había pedido ver la gloria y Dios le quiso revelar su bondad y le quiso revelar su Nombre. Entonces nos cuenta el libro del Éxodo que Moisés se tuvo que ocultar en el hueco de una peña mientras Dios pasó y le cubrió con su mano, y decía su Nombre mientras iba pasando. ¡Ah, pero aquí como que nosotros no solo hemos querido ver la gloria de Dios, sino que también Él ha querido ver nuestra gloria! Es como si Dios nos dijera: "Hijo de hombre, Yo quiero ver tu gloria". Y yo tuviera que decirle a Él: "Yo no tengo gloria, Señor, yo no tengo sino pecado, yo no tengo sino miseria, yo no tengo nada que mostrarte". Y Él dice: “Ah, yo quiero ver tu gloria y quiero ocultarme en una caverna, quiero ocultarme en una gruta, quiero ocultarme en tu propio corazón y ahí, desde tu propio corazón, Yo voy a hacer que tu pequeñez y que tu pecado y que tu maldad se transforme en gloria, Yo voy a estar en ti, Yo voy a morar en ti, Yo voy a ser tu huésped".
Y eso es lo que el Espíritu Santo de Dios quiere hacer en cada uno de nosotros. Quiere Él venir a morar en nuestro propio corazón y allí transformarnos de tal manera que todo lo que nosotros seamos sea únicamente su gloria, su Palabra y su amor. El Espíritu Santo viene, como dice la Escritura, como paloma, como una paloma desciende, así bajó sobre Jesucristo y permaneció sobre Él, así desciende sobre todos los que se parecen a Jesucristo y permanece sobre ellos.
Viene como agua, que purifica y que sacia la sed. Viene como fuego, que quema, que alumbra, que ilumina. Viene como sello, que nos imprime la imagen de Jesús. Él viene como aceite, que nos penetra totalmente, que nos recorre todo el ser. Viene el Espíritu de Dios a cada uno de nosotros y cuando el Espíritu del Señor viene a cada uno de nosotros cambia nuestro ser, cambia totalmente nuestro ser y de ahí en adelante ya sí que tenemos que decir:
"Yo oro en el Espíritu, yo canto en el Espíritu, yo trabajo en el Espíritu, yo amo en el Espíritu, yo sufro en el Espíritu, yo soy en el Espíritu; mi ser todo, no únicamente mi oración, no únicamente yo oro en el Espíritu, toda mi actividad, todo mi ser tiene que ser en el Espíritu de Dios.
¡¡¡AMÉN!!!
¡¡¡AMÉN!!!

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